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FÉLIX COSTA: MUERTE EN VIDA DE UN ANARQUISTA


The strange story of the anarchist Felix Costa. By Sergio Barbera Morcilo (Barcelona)

   | El final de la Guerra Civil española supuso el desplazamiento de miles de exiliados que prefirieron abandonar el país ante el temor de las represalias que podían llegar por parte de los vencedores. Los destinos fueron variados dependiendo de la situación en la que se encontró cada uno. No obstante, la mayor parte de la población optó por trasladarse hasta Francia con la esperanza, que desaparecía nada más llegar, de que el gobierno vecino los acogería sin problemas.
   Éste fue el caso de Félix Costa Pujades, un anarquista catalán que en el mes de febrero de 1939 cruzó la frontera gala. El caso de Costa, muy parecido al de otros miles de exiliados, ha ido adquiriendo con el paso de los años ciertos rasgos particulares hasta llegar al día de hoy, en el que su historia parece más bien una ficción. Félix se instaló a vivir en Canadá sobre el año 50 y no había vuelto a España desde entonces. Hace un mes descubrió que la administración consideraba que estaba muerto y decidió hacer el camino de regreso.

Su nieto se lo comunicó.
   El hermano de Félix, Vicent Costa, fue fusilado a finales de 1939 por un pelotón formado por guardias civiles en el denominado Campo de la Bota, en Besós.
   “Mi nieto, que estudia en Alemania, se encontraba de viaje visitando Barcelona y decidió ir a ver el lugar donde estaba enterrado mi hermano. Al llegar al recinto encontró que, en las columnas donde se inscriben los nombres de los ejecutados, junto al de su tío abuelo se encontraba también el mío”.
   Un error administrativo era el detonante del viaje de regreso de Félix. No obstante, para él las cosas iban más allá. “Después de haber estado luchando toda mi vida no voy a dejar a última hora que digan que estoy muerto. Porque esta es una forma de enterrarme vivo. A muchos les hubiera gustado que nos hubieran fusilado a todos, pero yo sigo vivo y no han conseguido cambiarme”.

Una familia de anarquistas
   La formación política de Félix estuvo influenciada por su padre, un militante de la C.N.T. muy activo hasta que en 1935 fue asesinado por un pistolero de la patronal. “Mi hermano y yo comenzamos a militar durante el gobierno de la Segunda República en Juventudes Libertarias. Con el inicio de la Guerra Civil yo me alisté en la Columna Ortiz y fui al Frente de Aragón. Mi hermano que era más joven que yo se quedo en Barcelona”. Poco antes del final de la contienda se despidió en Barcelona de su madre y de su hermano (que decidió no exiliarse ya que al ser manco no había participado directamente en actos de guerra). Al poco tiempo de llegar a Francia lo ingresaron en un campo de concentración, al igual que a otros miles de exiliados, “donde me enteré de que mi hermano había sido fusilado en Barcelona al poco tiempo de que las tropas fascistas entraran en la ciudad”. Más tarde colaboraría con la Resistencia francesa y al acabar la Segunda Guerra Mundial, aprovechando la infraestructura creada en el país galo, daría apoyo a los maquis antes de partir hacia Canadá.

1695 fusilados en Barcelona
   Una vez que Cataluña fue tomada por los militares sublevados, encabezados por Franco, se desencadenó la represión contra todas las personas a las que se creía hostiles al régimen político que se estaba creando. En la ciudad de Barcelona los fusilamientos se practicaron en una playa de las afueras de la ciudad (Besós) que recibió el nombre de Campo de la Bota. Sobre este mismo lugar hoy se han construido parte de las instalaciones del Forum de las culturas. Hasta 1956 la cifra de ejecutados en este emplazamiento fue de 1695.
   Los condenados a morir ante los pelotones de ejecución eran sacados de la cárcel modelo cuando el día aún no había despuntado. Atados de dos en dos por los codos subían a los camiones que les transportarían. Los pelotones estaban formados por miembros de la guardia civil que en ocasiones se presentaban voluntarios para participar. Mientras el sol aparecía por el horizonte una ráfaga de disparos rompía el silencio. A continuación, uno a uno, los disparos de gracia avisaban de que la “justicia” del nuevo régimen se había cumplido.



Enterrados en el Fossar de la Pedrera.
   Los cadáveres eran enterrados en el Fossar de la Pedrera, otro lugar apartado de la vista de la vida cotidiana que se encuentra justo detrás del cementerio de Montjuic. En este punto, donde se enterraba también a todas las personas que carecían de medios económicos para costearse los gastos de las inhumaciones, se han colocado unas columnas donde se encuentran inscritos los nombres de algunos de los ejecutados en el Campo de la Bota. Allí fue donde el nieto de Félix vio su nombre. Y éste ha sido el motivo que ha hecho que este viejo anarquista, que decidió no volver nunca del exilio para no dar legitimidad a lo que él denomina “esta mentira de democracia”, haya vuelto. “Porque han hecho de todo con nosotros y con nuestra memoria pero no van a poder enterrarnos en vida”.