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| SIN PALABRAS Latin-Americans citizens find in Europe a real Babylon of languages and they love it! | Diego Bronski (Mar del Plata, Argentina). Europa, en realidad, no habla ningún idioma. Esa fue por lo menos la certeza con la que desperté de una mala noche en el tren, camino a Berlín desde París, después de una breve estadía en Londres; una noche de sueños perturbadores, o intranquilos, como escribiría un conocido bohemio, y que yo prefiero llamar reveladores. La gente que en ellos me hablaba no conseguía hacerse entender, toda palabra de lo que fuera se convertía inmediatamente en un indescifrable balbuceo de mil sonidos... La cosa, como fuera, escaló, y muy pronto no pude identificar los intentos de mi propia garganta. ¿Estaba hablando acaso ya alemán, apenas acababa de cruzar la frontera? ¿O me había impregnado de holandés con el paquete de cigarrrillos que compré durante una parada del tren? Apenas si había conseguido librarme uno días antes del incomprensible francés, cuando me vi de pronto asaltado por el dialecto de las tierras inglesas; en el sueño, sólo me quedó la alternativa del baile latinoamericano. Primero unas cuantas fintas, un pasito al costado y otro para adelante, por último un zapateo a toda regla. Los viajeros del tren se divertían observándome y continuaban balbuceando su letanía monótona. El baile, sí, se convirtió de repente en mi única vía de comunicación... Posiblemente, me dijo después alguien a quien le comenté el asunto de vuelta al otro lado del mundo, todo se deba a tus viajes por Europa. De país a país, una ciudad tras otra. ¿No ves que ni siquiera se pueden entender entre ellos mismos? Europa, como les decía, no habla ningún idioma. Por lo menos hasta que conozca algún otro país, en el siguiente viaje; he escuchado que en Portugal se expresan mejor, a veces apenas intelegible, pero mejor. Y es que todavía no he visitado España. |